Otras Voces

Licenciatura en Artes Visuales

Cátedra: Semiótica del Arte y Comunicación

Trabajo Práctico Final

Profesora: Molinas Isabel

Estudiante: Moyano Magalí Sofía

Año 2017

Producciones artísticas en relación con la naturaleza: ¿qué efectos de sentido tiene la incorporación de verbos/conceptos la obra de Cristina Aimaretti?

Para el presente artículo, se ha tenido en cuenta la elección de una artista cercana, cordobesa, que ha vivido   desde su infancia en la localidad de Arroyo Leyes de la provincia de Santa Fe. Se trata de Cristina María Aimaretti, quien realiza actualmente producciones artísticas donde pone en evidencia una relación ancestral, originaria, del hombre con la naturaleza.

Su obra podría enmarcarse dentro de lo que se denomina Land Art, noción que tuvo origen en los Estados Unidos a fines de los años „60, una práctica artística que buscaba romper con la tradicional producción escultórica, huía del museo y de las galerías, asociándose a una conciencia ecológica del territorio, modelando el marco natural. Dicha denominación se extiende a obras efímeras (registradas por la fotografía o el video) que se caracterizan por una actitud simbiótica con la naturaleza y el descubrimiento de signos presentes en el paisaje (Ferrer, 2010:146), como se encuentra latente en la obra de Cristina. Además, tales características son propias de obras artísticas en las que la idea, la acción, lo efímero son sobretodo conceptuales. Un arte conceptual que ya no es más arte retiniano de contemplación de la estética de la obra artística, sino que coloca al espectador en un lugar no pasivo, que lo interpela desde la pregunta, el problema, la solución; es arte conceptual que tiene mayor carga simbólica que materialidad, que resulta de una acción registrada en un espacio tiempo determinado que se reproduce en videos y fotografías infinitamente, multiplicando y actualizando su herencia conceptual (Speranza, 2006).

Ahora bien, hablar de rupturas en el campo artístico, sobre todo en el campo de la escultura, es hablar del concepto de campo expandido desarrollado por Rosalind Krauss. Arte sin límites que surge del entrecruzamiento de las disciplinas artísticas y otras disciplinas fuera del campo de las artes, lo cual produce cierta indefinición, maleabilidad, incertidumbre, donde lo instituido o lo convencional ya no es punto de partida, un lugar seguro desde donde mirar, decir o hacer. Y donde las plurales posibilidades de recepción de la obra permiten una serie de lecturas siempre variables generando un campo de posibilidades interpretativas, con elementos que establecen varias relaciones recíprocas en el cual se articulan el lenguaje visual y el lenguaje verbal, como también el juego de la creatividad, la subjetividad y la crítica en el proceso productivo de la obra de Aimaretti.

En sus argumentos, Cristina cita a Lippard al decir que “nunca desde el arte regional de los años

30 había habido tanta gente interesada en mirar a su alrededor y en dejar constancia de lo que ven o les gustaría ver en su entorno a través de lo que llaman arte. Algunas de esas personas han querido ir más allá tanto de la función reflexiva de las formas convencionales de arte, como de la función de protesta de gran parte del arte activista” (Lippard, 2001:2).

Dichas palabras funcionan como el marco que acompaña a sus obras: “Bañado”, “Laguna”, “Traje-Paisaje”, “Horizonte desenhebrado”. Es así que, las acciones realizadas por la artista están embebidas de una vivencia íntima con el medio natural donde se realizan, que al ser caminado se vuelve aprehendido, ella se vuelve parte del paisaje. Para la artista, “recorrerlo es hacerlo nuestro, descubrir que paso a paso se llega a todos lados dejándose impregnar por los olores, los sonidos, las irregularidades del terreno, el latir del terreno a cada paso” Aimaretti (s.f.).

Para Bourriaud, estas acciones que resultan de la experimentación, consisten en jugar con los signos y significados de lo ya existente, utilizando lo dado, los elementos/productos de la naturaleza. Es decir que, con sus obras, Cristina reinterpreta, recodifica y reexpone dichos elementos/productos naturales con los que se encuentra en ese caminar, ya no planteando la pregunta artística de ¿qué es lo nuevo que se puede hacer? sino ¿qué se puede hacer con?. Pensar la obra de Aimaretti en términos de postproducción de Bourriaud, más allá de que este se aplique a obras que utilizan lo ya realizado por otros artistas, nos permite abrir el horizonte en la crítica de este tipo de producciones artísticas actuales que se apropian y habitan lo cotidiano interpelando los códigos culturales en relación al nexo/lazo entre el ciudadano y el ambiente natural que le rodea, donde los elementos/productos naturales son lo ya realizado, se reciclan, y cobran otros sentidos.

En dicha acción, se produce un hecho significativo. Mediante los tejidos, las instalaciones, videos y fotografías, la artista genera nuevos verbos para poder denominar aquello que sucede con el ambiente natural en su proceso creativo. Así como los uruguayos, cuando se mudan a vivir a Montevideo al cabo de algún tiempo dicen “me agenté” (agentarme) queriendo significar que “la ciudad se les metió adentro”, en esa vivencia íntima con el paisaje de Arroyo Leyes, Cristina cree lagunearse (lagunarme). Esto implica poner nombre, saber decir, saber comunicar específicamente la relación estrecha que se establece entre el hombre y la naturaleza, algo que aún no tiene palabra oficial que lo englobe.

Ahora bien, ¿qué significa encontrar un verbo a dichas acciones? ¿permite acercar al hombre nuevamente al entorno natural mediante dicha verbalización?

¿cómo impacta en su sensibilidad al espectador al hablar de lagunearse, caracolearse, plantarse?. En definitiva, ¿qué efectos de sentido tiene la incorporación de estos verbos/conceptos la obra de Cristina Aimaretti?

Heinz von Foerster plantea que una de las funciones principales que se le atribuye al lenguaje es la nominalización, la cual ayuda a comprender la realidad. Pero ese comprender es difícil porque muchas veces se trata como objetos lo que en realidad son producto de procesos, es decir, se los nominaliza, sustantiviza, donde el lenguaje viene primero y el mundo es una consecuencia de él (1995). A diferencia de lo que plantea Foerster, Cristina hace que el sustantivo se verbalice, inventa estos nuevos verbos/conceptos que conforman un lenguaje que a su vez crea una forma de vivenciar el mundo natural; ya no se representa lo que sucede entre el hombre y la naturaleza sino que es presentado. Al considerar al lenguaje como esencialmente connotativo, porque al nombrar la cosa, la acción, lo que sucede, se evoca un concepto de ella, es así que estas nociones pueden ser recíprocamente compartidas con otros. Es decir, se encuentra la posibilidad de verbalizar la realidad y a través de la misma es que se le otorga un sentido a lo real que, en este caso, es el ambiente natural del litoral.

En sus escritos, la artista observa que el bañado de la laguna Setúbal se define como el no lugar, como esos espacios no respetados ni tenidos en cuenta porque no suman en la realidad socioeconómica de las grandes urbes, pero que se resignifica en el proceso de lagunearse, caracolearse, plantarse y demás verbos/conceptos que puedan surgir en esa acción performática. Es evidente que en dichas vivencias, recorridos, observación de los “no lugares” del bañado, se produce un conocimiento de la realidad cotidiana de la naturaleza litoraleña. Para Flusser, “todo conocimiento humano, para ser conocimiento, debe ser intersubjetivo” (2007) donde la objetividad y la subjetividad son los horizontes abstractos de dicha intersubjetividad, siendo así todo conocimiento concretamente político, es decir, que tiene un impacto social. De este modo, el conocimiento sobre el bañado resulta ser un signo que está por algo, en alguna relación a algo y para alguien, respecto a la

composición triádica propuesta por Peirce, donde el proceso de significación de la obra de Aimaretti está en ese alguien, el espectador, estableciéndose una reciprocidad entre signos y significados que le dan el carácter de una obra que va más allá de la simple acción de ordenar hojas de otoño a la orilla del río formando la palabra “amor”, del tejido en trama y urdimbre de los pastos secos, de la confección de un collar de caracoles, etc.. Intencionadamente la obra de Aimaretti da nombre a la renovación del encuentro con los rincones naturales, al hecho de habitar la naturaleza, a recorrer los silencios, los sonidos, los olores, la flora y la fauna y todo el movimiento que se produce en ellos.

Por ello, los colores, las formas y la materialización de las obras artísticas de Cristina comunican estos estados emocionales que, según quien sea el espectador que los mire, podrá comprenderlos de un modo u otro, estableciendo conexiones entre lo que observa y lo que conoce o quedó registrado en su memoria. Por otro lado, la obra aquí analizada es relevante en la actualidad dada la crisis ecológica que es en gran medida responsable de la preocupación actual por el lugar y el contexto natural sobretodo; además, de la nostalgia provocada por la pérdida de raíces, siendo el origen griego de la palabra ecología: hogar y donde la experiencia de la naturaleza se ha hecho del retorno a ella algo tan mítico. Entonces, ¿puede la obra de Aimaretti «devolver a la gente al hogar», a conectarse con su entorno natural mediante la verbalización de dicho retorno? (Lippard, 2001).

Si todo acto es político, el signo mantiene su conformación triádica, y las producciones artísticas de Aimaretti son acciones sobre el medio natural, entonces no escapa que su obra tenga un valor de cambio, de que influya a quien se acerque a contemplar los resultados de las mismas. La construcción del conocimiento de lo que sucede con nuestro entorno natural no se produce en soledad, sino en vinculación con otros, con aquel posible público, posible de dar sentido y resignificar lo que ve, posible de aportar al conocimiento intersubjetivo desde su lugar, haciendo de ese intercambio, esa retroalimentación una cuestión infinita.

Siendo el lenguaje, después de los cinco sentidos del cuerpo humano, un modo de acercarnos al otro, al mundo, por primera vez, serán los verbos/conceptos planteados en la obra de Cristina los que permitan “lagunearse” por primera vez, para luego encontrarse de otro modo con el entorno natural, con otra conciencia ancestral del respeto hacia ese otro ser vivo.

Realiza un punto y ve hacia dónde te lleva. “Lagunearse” y ver hacia dónde nos lleva.

Imágenes:

1- Obra: “Anhelo”. Vestimenta/objeto con caracoles. Año 2013.

2- Video/obra: “Bañado”. Año 2013.

3- Obra: “Horizonte deshenebrado”, entramados con vegetación natural. Período 2013-2014.

Bibliografía:

  • Prof. Isabel Molinas, “Proyectos fundacionales: Charles Sanders Peirce”, apunte de la cátedra “Semiótica del Arte y la Comunicación”.
  • Cuadernillo de Semiótica del Arte y la Comunicación.
  • Krauss, Rosalind. La escultura en el campo expandido, editorial Paidós, Barcelona 1979.
  • Ferrer, Mathilde. “Grupos, movimientos, tendencias del arte contemporáneo desde 1945”, 1a Ed., Ed. La marca editora, Buenos Aires, 2010.
  • Lucy R. Lippard. “Mirando alrededor: dónde estamos y dónde podríamos estar”, en Modos de hacer. Arte crítico, esfera pública y acción directa, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, 2001.
  • Nicolás Bourriaud. En «Postproducción», Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2007, pp.7-17.Papers Editores, 2010, p. 13-17.
  • Vilém Flusser. En «Revista Artefacto. Pensamientos sobre la técnica», N° 6, Buenos Aires, 2007.
  • -Speranza, Graciela, Fuera del campo. Literatura y arte argentino después de Duchamp, Barcelona, Ed. Anagrama, 2006, pág. 7-33.

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